En nuestro país, con su enorme extensión y su baja densidad demográfica fuera de los pocos centros de concentración de la población (cinco o seis ciudades importantes y sus alrededores concentran más de la mitad de la población total), las ofertas educativas tradicionales no resisten el análisis de relación costo-beneficio para llegar a gran parte de su territorio. Aún en áreas de alta densidad poblacional, la situación económico social impide que muchos potenciales educandos concreten sus ansiedades de instrucción por los métodos tradicionales pues lo absorbente y rígido de los mismos entra en conflicto fácilmente con otras necesidades perentorias de las personas, por ejemplo el desempeñarse en un trabajo rentado para mantenimiento de su familia. Aparece entonces como alternativa muy eficiente el desarrollo de metodologías de enseñanza-aprendizaje que permitan al individuo aprender, mejorar, sin resignar por ello su presencia en el núcleo familiar ni su trabajo, genéricamente denominadas educación no presencial o a distancia.
En resumen, libertad para elegir cotidianamente los momentos a dedicar a la actividad de aprendizaje evitando conflictos con otras actividades, para seleccionar el ámbito, se puede autoregular el ritmo de avance dentro de amplios márgenes de acuerdo a las propias posibilidades y problemática, no hay viajes cotidianos a la institución educativa (menores costos y tiempos perdidos), ...; el alumno en fin goza de una gran facilidad para organizarse de acuerdo a su mejor conveniencia, y además puede disminuir sus costos operativos respecto a los del sistema presencial.